Aftas en la boca: cuando una lastimadura chica puede decir algo grande
Las úlceras bucales aparecen y desaparecen casi siempre sin más. Pero hay pistas que conviene mirar con atención: tamaño, frecuencia y otros síntomas pueden delatar desde un déficit de vitaminas hasta una enfermedad autoinmune.
Son las nueve de la mañana y en la sala de espera del consultorio odontológico de la calle Arenales, en pleno centro porteño, Marta, 54 años, se muerde el interior de la mejilla casi sin darse cuenta. Hace tres semanas que convive con una lastimadura chica en la encía que no termina de irse. "Pensé que era una de esas cosas que se curan solas", me dice mientras aprieta los labios. "Pero ya me aburrí de comer sopa tibia". Acá, en Buenos Aires, la escena se repite más de lo que parece: las aftas son de esas molestias que la mayoría atraviesa alguna vez y a las que casi nadie les presta atención hasta que se quedan.
Qué son y por qué aparecen
Las aftas son lesiones que se forman en la mucosa de la boca: cara interna de las mejillas, debajo o sobre la lengua, encías, paladar blando o interior de los labios. Tienen un centro blanquecino, gris o amarillento rodeado por un halo rojizo, y muchas veces avisan con un ardor o un hormigueo antes de hacerse visibles. A diferencia del herpes, no aparecen en la parte de afuera de los labios y no se contagian. Eso, que parece un detalle menor, es clave para entender de qué hablamos y para dejar de lado el miedo a un beso o a compartir el mate, aunque siempre mejor con buena higiene.
- Las pequeñas y redondeadas son las más frecuentes y se curan en una o dos semanas sin dejar marca.
- La variante mayor es más profunda, más dolorosa y puede tardar hasta seis semanas en cerrar.
- Una tercera forma se presenta como muchas ulceritas chicas que tienden a agruparse.
- Los mordiscos accidentales, un cepillado muy fuerte, los roces con brackets o dentaduras mal puestas y las quemaduras por comida caliente son los desencadenantes más comunes.
- El estrés, el cansancio y los cambios hormonales del ciclo menstrual o del embarazo también las empujan a aparecer.
Lo que comemos y lo que nos falta
La mesa también cuenta, y mucho. Carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D aparecen en la lista de factores asociados con aftas que reaparecen. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes tenían con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los autores aclararon que eso no significa que la falta de vitaminas cause las lesiones: es una asociación estadística, no una relación de causa y efecto, y en algunos indicadores la evidencia todavía es limitada. Aun así, a nosotros nos sirve como señal: una dieta demasiado despareja puede estar pasándonos factura en la boca.
Cuando la afta es la punta del iceberg
Hay veces en las que la llaga no viene sola ni se va sola. Cuando las lesiones son múltiples, no terminan de cerrar o reaparecen cada pocas semanas, conviene mirar un poco más lejos. Entre las enfermedades que pueden tener aftas como manifestación están la celiaquía, la enfermedad de Crohn, el lupus, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, algunas infecciones virales, bacterianas o fúngicas y los estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH/sida. No se trata de asustarse ante la primera ampolla: la inmensa mayoría de las aftas son inocentes. Pero si el cuadro se vuelve repetido o se suma a otros síntomas, vale la pena consultar.
“Una llaga que persiste más de dos o tres semanas, lesiones demasiado grandes o que duelan más de lo esperable, sangrado sin causa clara, fiebre, dificultad para tragar o pérdida de peso son motivos suficientes para pedir turno. También cuando aparecen junto con lesiones en otras mucosas o en la piel.”Criterio médico de referencia
Me fui de la sala de espera con la imagen de Marta todavía en la cabeza. Antes de cerrar la nota la encontré en la puerta, con un turno anotado en la mano y la decisión tomada. "Voy a hacerme los análisis, aunque sea para quedarme tranquila", me dijo con una media sonrisa que ya le dolía menos. Acá, donde la vida va rápido y las molestias chicas muchas veces se dejan para mañana, su caso deja una enseñanza simple: no todas las aftas son iguales, y prestarles atención a tiempo es un modo bastante concreto de cuidarnos.
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Santa Cruz Informa