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VIE, 16 OCT 2026
Vida

A dos meses de su apertura, el parador de Neuquén se rearma para no cerrar cuando llegue el calor

El refugio nocturno que asiste a personas en situación de calle en la capital neuquina atendió a 400 personas desde su puesta en marcha y promedia 100 asistentes por noche. Ahora se reconvierte en un dispositivo por etapas, con eje en la reinserción laboral y familiar y con apoyo de equipos de salud mental.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida · · lectura 5 min
A dos meses de su apertura, el parador de Neuquén se rearma para no cerrar cuando llegue el calor

Son pasadas las ocho de la noche en la puerta de la Catedral María Auxiliadora, en el corazón de Neuquén, y otra vez se ve el mismo movimiento de siempre: un grupo de personas se acerca con sus bolsos, algunas en silencio, otras charlando, mientras los voluntarios del parador nocturno empiezan a organizar el traslado hacia el refugio. A dos meses de su apertura, ese dispositivo que nació como respuesta para los meses más fríos del año ya tiene cifras que dejaron conformes a sus impulsores: 400 personas atendidas y un promedio de 100 asistentes por noche, con picos de hasta 120 en los días más crudos del invierno.

Lo que iba a ser una experiencia acotada al invierno se transformó en otra cosa. Con la primavera a la vuelta de la esquina, el parador no va a cerrar: se va a reconvertir en un dispositivo por etapas, pensado para todo el año, con un objetivo más ambicioso que el de simplemente dar un techo por unas horas. La idea, nos cuentan los responsables, es que cada persona pueda ir avanzando en un proceso que, si todo sale bien, termine en un alquiler propio o en la posibilidad de reinsertarse en un entorno familiar.

Quiénes son los que duermen en el parador

Los números que difundió el equipo del refugio permiten dibujar un perfil bastante claro de la población que asiste. El 92 por ciento son varones, una mayoría abrumadora que se repite en casi todos los dispositivos de este tipo en el país. Y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la ciudad de Neuquén, según el cruce de datos que hicieron con el Registro Nacional de las Personas. Es decir: no estamos hablando, en su mayoría, de personas que llegaron de afuera, sino de vecinos de acá que por distintas razones terminaron en la calle.

Un refugio por etapas, de menor a mayor umbral

El corazón del nuevo formato es un esquema de atención por niveles, una idea que los responsables del parador neuquino fueron a buscar a un lugar con mucha historia en estos temas: Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires. Hicieron una visita de trabajo de dos días, se reunieron con organizaciones que llevan años en la tarea y volvieron con una idea concreta: copiar la lógica de ir subiendo el umbral de exigencia a medida que la persona avanza en su proceso.

  • Nivel de bajo umbral: es la puerta de entrada. Recibe a cualquier persona en situación de vulnerabilidad, tal como llega, sin exigir condiciones previas ni abstinencia de consumos problemáticos.
  • Niveles de mediano y alto umbral: a medida que cada usuario se va estabilizando, se le ofrecen etapas con mayor acompañamiento, orientadas a conseguir empleo o a retomar el vínculo con su familia.
  • Objetivo final: que la persona pueda acceder a un alquiler o reinsertarse en un entorno familiar, dejando atrás la situación de calle.

En la práctica, el cambio también se va a notar en la logística. El punto de partida del traslado nocturno pasará a ser un tráiler que se va a instalar junto al Hospital Bouquet Roldán, donde quienes asistan al parador podrán dejar sus pertenencias. Desde ahí serán llevados hasta el refugio, aunque los que estén en condiciones de movilizarse podrán ir por sus propios medios. Es un detalle menor, pero importante: tener dónde guardar las cosas es, para alguien que vive en la calle, una de las primeras conquistas.

Salud, contención y reglas de convivencia

En lo que hace a los servicios, el parador ya venía funcionando con un equipo bastante completo: atención podológica todos los miércoles, residentes de medicina general y odontología, y un equipo de psicólogos con abordajes individuales. Con el nuevo formato, se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y se incorporará de manera más activa al Ministerio de Salud de la provincia. Además, se va a trabajar de forma coordinada con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad, para armar una red que hasta ahora funcionaba de manera más aislada.

El acceso al dispositivo sigue siendo voluntario: la persona se acerca a la Catedral María Auxiliadora y desde ahí se la traslada al refugio. Y acá viene uno de los datos que más preocupa a quienes trabajan en el lugar. Todavía hay gente que duerme en la calle y no utiliza el espacio. Algunos ni se acercan, otros van una noche y desaparecen. Es, nos dice una de las coordinadoras, la parte más difícil de la tarea: «hay que ir a buscarlos, ganarles la confianza, mostrarles que el parador no es un lugar de paso sino un punto de partida». Dentro del refugio rigen reglas de convivencia cuyo cumplimiento es condición para seguir, y ese es justamente el primer paso del proceso: aceptar que hay un marco y que del otro lado hay gente dispuesta a acompañar.

La experiencia que inspiró el modelo

La visita a Ciudad Oculta fue, según cuentan los propios organizadores, el punto de inflexión. Fueron dos días intensos, recorriendo dispositivos que llevan años funcionando y que ya pasaron por todos los errores imaginables. Volvieron con la convicción de que acá, en Neuquén, se puede armar algo parecido: un refugio que no sea solo un lugar donde pasar la noche, sino una escalera con varios escalones, cada uno con su tiempo y su ritmo. «Queremos que la gente no vuelva a la calle», resume una voluntaria que trabaja en el parador desde el primer día. «Y para eso hay que ofrecerles algo más que una cama: un motivo para levantarse a la mañana».

Mientras tanto, en la puerta de la Catedral, el movimiento de cada noche se parece mucho al de las primeras jornadas. Pero ahora, del otro lado del traslado, hay algo distinto: un dispositivo que se está pensando para todo el año, con equipos profesionales, con etapas, con un objetivo que va más allá de sobrevivir al invierno. Para los que duermen ahí adentro, la diferencia puede ser enorme. Para nosotros, como ciudad, también.

LB
Lucía BarríaSociedad y vida

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